viernes, 23 de julio de 2010

Reciclaje de residuos electrónicos está fracasando en Colombia


El Ministerio de Medio Ambiente está promoviendo la devolución voluntaria de teléfonos celulares, computadores, neveras y otros aparatos electrónicos; sin embargo Colombia se ve rezagada en este programa y enfrenta un potencial riesgo ambiental.

Según el Ministerio de Comunicaciones, en Colombia hay cerca de 35 millones de teléfonos celulares abandonados o en desuso, pero apenas 531.804 celulares han sido recogidos en los últimos dos años y en lo que va del 2009 la cifra no superaría los 17 mil.

Un convenio de cooperación entre el Ministerio de Medio Ambiente y la Universidad de los Andes proyecta para los próximos años la vida útil de un celular sea de dos años por la innovación de la tecnología y la facilidad de acceder a reposiciones anuales, lo que aumentaría exponencialmente el número de residuos de teléfonos en el país.

Un teléfono celular en sus componentes y batería contiene arsénico y cadmio, componentes que conllevan riesgos para la salud humana, ya que producen enfermedades respiratorias y cutáneas o pueden ser cancerígenos, además son químicos que representan un alto riesgo para el medio ambiente.

En cuanto a computadores la situación no es más alentadora, de acuerdo con el Instituto Federal Suizo de la Prueba e Investigación de materiales y Tecnologías se estima que cada año Colombia produce un promedio de nueve mil toneladas de residuos de computadores, monitores y componentes.


Organismos involucrados con los desechos electrónicos en Colombia


La demanda de aparatos eléctricos y electrónicos para ser utilizados en procesos de producción de bienes y servicios es cada vez mayor. Esto hace necesario que países y empresas definan políticas claras frente al manejo de los llamados Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos – RAEE, cuya disposición final tiene repercusiones sociales, económicas y ambientales.

Igualmente, los fabricantes, importadores y distribuidores deben hacerse responsables de estos aparatos incluso luego de que hayan cumplido su vida útil. Estas son dos de las premisas que justifican el desarrollo del proyecto de E-Waste (Desechos Electrónicos, por su sigla en inglés), que surge como iniciativa de la Secretaría del Estado Suizo para Asuntos Económicos – SECO – y el Instituto Federal Suizo de Prueba e Investigación de Materiales y Tecnologías – EMPA –, con al apoyo del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial – MAVDT –, el Centro Nacional de Producción Más Limpia y Tecnologías Ambientales – CNPMLTA y otros actores clave relacionados con el tema.

El proyecto consta de dos fases: Diagnóstico y Plan de Acción. Con la primera se busca identificar y apoyar a los actores responsables (como vendedores, distribuidores, importadores, recicladores, gobiernos y entidades sociales, entre otros.); establecer un sistema integral de gestión de RAEE; definir el panorama de la gestión actual, en cuanto a manejo, cantidades, impactos, política, normatividad, instrumentos jurídico económicos, mecanismos financieros y esquemas de organización; y sensibilizar a las instituciones y entidades involucradas en el sector de los RAEE.

La segunda fase tiene como objetivos concertar una mesa de trabajo nacional, integrada por los diferentes actores, que permita recoger experiencias y fijar lineamientos acordes con las necesidades y expectativas del medio y, como resultado final, ejecutar el proyecto adaptado a las necesidades específicas de Colombia. Lo anterior representa, entre otros beneficios, la generación de puestos de trabajo alrededor de su implementación y sostenimiento.

De acuerdo a los modelos de gestión de RAEE aplicados en muchos países de Europa, y las experiencias en otros países en vía de desarrollo, se ha demostrado que es importante tener soluciones para todo tipo de E-Waste, partiendo de proyectos piloto enfocados hacia un grupo determinado de estos residuos, por ejemplo, los equipos de Tecnologías de Información y Comunicación – TIC – (básicamente computadores y teléfonos celulares) por su creciente uso, potencial de reciclaje y los efectos ambientales negativos que se desprenden si se hace una mala disposición de ello.

Aunque ciertos componentes y materiales se pueden reciclar de manera lucrativa, el sistema no es auto sostenible, razón por la cual se hace necesario encontrar alternativas de financiación. Una práctica que ha sido aplic